Me impresioné leer que entre los mayas no se les hablé a los nenes hasta que estos empiezan a hablar. Por una amigo senegalés sé que allá, por lo menos entre los woloff, no se les pone nombre hasta que nacen; explica que hasta verlo al nene no podés saber cómo se llama. Acá hasta hace poco también era así, de ahí lo de que el nombre coincida con el santo del día. Pensando esas cosas y andando con mi hijo por el pueblo me di cuenta de algo de los vascos que se me hizo raro; o, por lo menos, curioso:
Entre los vascos, a la hora de hablarle a un nene chiquito (no sé a una nena), hay dos modos, el modo de las mujeres y el de los hombres. Claro que existe un diccionario específico, y detractores y entusiastas de este, más no sea por diferenciarse del castellano.
Van dos ejemplos:
papa: pan
mama: agua
Pero lo que más me llamó la atención es lo de la diferencia entre hombres y mujeres a la hora de dirigirse a los nenes.
Las mujeres les hablan cambiando el tono, un poco más agudo, llenan de diminutivos las frases y repiten como haciendole un eco a la idea. Como hacen también en la tierra en la que nací los hombres y las mujeres al dirigirse a un nene.
Los hombres no hacen nada de esto. Les hablan a los nenes con voz grabe y la misma entonación que usan con otro adulto, hablan rápido e increpan bastante (las mujeres nunca).El hombre sí modula con los nenes, lo que modula es el discurso, el tema.
El otro día un hombre, que aprecio y aprecia a mi hijo, le decía con voz gruesa: "¿se puede saber dónde dejaste la llave del caballo?, ¿Cómo vas a arrancar el caballo sin llaves?" Se fueron a buscar las llaves del caballo, que no encontraron, y encontraron las de la moto, que nos da miedo cuando arranca.
Lo que más me sorprendió de todo es ver que yo también hago algo parecido y que mi padre también.