Vascuence era la manera de llamar al idioma vasco, hoy en Argentina se le dice vasco, al menos que el que habla ya esté lo suficientemente cargado de ideología y le diga euskera. Eso, que se le diga euskera, es lo que consiguieron los nacionalistas vascos con respecto al idioma, se consiguió que se escriba con K en castellano (aunque la RAE también acepta eusquera). Ahora, eso sí, en castellano se dice euskera porque es así como se dice en vasco, pero en vasco ya no es oficial euskera, ahora el oficial es euskara.
Digo que lo que consiguieron es cambiar el nombre de la lengua en castellano, en otro idioma, porque, aunque se llenen la boca (y las páginas de los diarios) diciendo que el euskera va para adelante, va para atrás.
Va para atrás de diferentes maneras, algunas son fáciles de ver y evidentes, otros pasos para atrás son más difíciles de ver, hace falta conocer el idioma y los hablantes.
Sube la cantidad de titulados, el uso no.
Es irrefutable que la sociedad está cada vez más acreditada (le robo las palabras a Ale, él podría decirlo mejor), cada vez es más gente la que tiene un papel que dice que conocen y saben usar la lengua vasca, “perfiles” le dicen a estos títulos y los que hacen falta para escalar en las posibilidades de conseguir algunos trabajos son los B1, B2, C1 y, en menor medida, C2. Es cierto, cada vez más gente consigue los titulitos (¿cuánto francés te acordás de lo que estudiaste en la escuela?) cada vez más títulos, sí; pero el uso en la calle no sube. En las clases de profesorado la mitad de los alumnos elíjen estudiar en vasco, en esas aulas, en las de los que elijen estudiar en vasco, más o menos la mitad usan el castellano para hablar entre sí.
Ya conté que el uso no sube, pero… ¿Qué se usa?, ¿Cuál es el vasco ese que no se usa más pero todavía se usa?
El euskera que se usa
Cada vez es más parecido al spanglish, generación por generación se degrada más, cada vez parece menos a un idioma y más un pidgin o un creolé que se nutre del castellano de un lado y del francés del otro, dicen. Del lado vascofrances yo lo veo perderse y listo, algo afrancesado lo poco que queda, puede ser, pero más que eso escucho frances (y castellano) y en francés explicaciones de como sus padres no les enseñaron basque o de padres de caserío que se plantean si les hablarán o no en basque, que ya aprenderán con aitatxi y amatxi, dejando entreleer que, aunque es querido, no sirve para nada.
No llamaría “habla” al latín, porque no es “habla” si no “hablaba” (aunque en Finlandia haya tres colgados que hacen una radio en latín), con el euskera pasa algo parecido, se está pudriendo. En un par de generaciones se pasó de las construcciónes propias de la tradición de la lengua a recrear las construcciones latinas (que son inversas), claro que la propia gramática de la lengua no permite la misma maleabilidad que la que permiten los romances para ese tipo de frases, escuchás a la pendejada hablar y te das cuenta que no se entenderían con sus bisabuelos, pero no porque haya cambiado terriblemente el vocabulario, que sí cambió, eso pasa siempre, no. No se entenderían porque cambió (y se empobreció) terriblemente la gramática. La gramática de la lengua hablada es una payasada, la gramática de un pidgin que cambia de puerto en puerto.
Sé que parece que estoy diciendo que ya se murió el euskera, no quiero decir eso, ya no se murió, supongo que lo verán morir (o terminarán de matar) mis hijos y mis nietos.
Aquella cosmovisión, de la que habló Humboldt cuando vino, se decía que se guardaba en los caseríos, se dijo que se bajó a la calle con las ikastolas Aquella cosmovisión se diluyó en las calles con la fuerza de los caseríos, con la fuerza que se malgastó en la calle y que permitió que también en los propios caseríos se diluya cada vez más el idioma.
El bilingüismo: ese perro muerto que se compraron para el velorio.
El vascoparlante
En vasco se le dice euskaldun y también en el castellano-vasco y en el subdialécto del castellano que hablan los que ven bien las ideas abertzales.
Cualquier menor de 40, de donde sea, el que sea, cualquiera, el del rincón más recóndito y, cualquiera de cualquier pueblo o ciudad, aunque se diga a sí mismo y se identifique con la etiqueta de vascoparlante en realidad no lo es, en realidad también es vascoparlante, también es vascopensante, todos forman parte del mundo castellano o del mundo francés, todos son un poquito inmigrantes, como los galeses de Chubut, que hablaron galés durante un tiempo pero cada vez fueron más argentinos y menos galeses, como los alemanes de Rio Grande, como los vascos de la Pampa de ayer o el Ohio de hoy.
Ya no existe el vasco monolingüe, ese inculto cabezadura, por suerte, dejó de existir, y ya no queda nadie que deba su pensamiento solo al euskera; y en esa suerte de culturización general no queda nadie para cuidar al vascuence, nadie con el poder moral intachable para cuidarlo, ahora se forman ejercitos con soldados en las universidades, filólogos se llaman, el mando central: La Real Academia de Lengua Vasca
En irlanda hasta consiguieron su estado, aceptaron el bilingüismo, y por ende, el inglés; hoy mirá qué existe de ese irlandés que existía cuando consiguieron la independencia. La solución no está en el estado, eso también es verso, podría ayudar, sí.
Dicen que en Marruecos no entienden el arabe escrito si se habla, como yo no entiendo el latín, que nunca estudié, acá eso se viene.
Todo esto lo digo con dolor, con dolor y con las patas en la tierra.
Todavía suena así, espero que siga sonando